domingo 13 de febrero de 2011

Esquizofrenia

Es arriesgado salir de mi cuerpo. Temo que emerja una mano de la oscuridad de una estrella y en sus ojos vea mi futuro. No hay nada para mí, flotan ideas en cada gota de saliva que baja por mi barbilla y yo sólo grito:
¡No voy a salir de mi cuerpo!
¡No voy a salir de mi cuerpo!
¡No voy a salir de mi cuerpo!
Porque mis palmas son espejos que uso para reflejar el sol en sus ojos y quede ciega, porque las palmas de mis manos también son cristales opacos en los que casi veo que sigue dentro. No quiere abandonar las cuencas de sus ojos muertos que ya son un pozo millonario de petróleo, aventando chorros negros. A veces mis piernas no son más mías y caminan hacia la luna, pies descalzos pisan la corteza de su cráneo pintándola de rojo, y la luna es el cráneo de un dios que nadie conoce. La noche no es su manto sino vomito terrestre.
Ninguno de nosotros es hermoso porque somos un invento inservible y ¡yo no voy a salir de mi cuerpo!
Aun si se desplegara mi piel como un mantel de carne y sobre ella comieras tú, o encajaras un tenedor para probar un poco.
A veces ella, que eres tú, me obliga a mirarte despacio y me obliga a arrancarme las uñas y morderme los dedos que saben a caramelos de otros mundos.
Creo que mi corazón es un bit rojo que no para de crecer, lo voy a dejar morir para no salir de mi cuerpo, aunque apague la luz que salía de entre tus piernas.
No me importa ahogarme con tragos de fango recogidos de tus plantas, parece mentira tanta verdad.
Voy a estrangularme con un asteroide dispuesta a perderme en la profundidad de mi mente, pero ¡no voy a salir de mi cuerpo!

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